Comerciantes del Gran Santo Domingo refuerzan colmados con verjas y cámaras
Negocios de Los Jardines del Norte, San Isidro y Santo Domingo Este han instalado barreras y vigilancia, mientras algunos limitan sus horarios por temor a robos.

SANTO DOMINGO.— Numerosos pequeños negocios del Gran Santo Domingo han incorporado verjas metálicas, mallas protectoras, cámaras y otras barreras para atender a los clientes desde un área separada de la calle. Sus propietarios explican que buscan reducir la vulnerabilidad frente a robos y atracos, aun cuando estas medidas transforman la experiencia de compra en colmados, cafeterías y heladerías.
Los testimonios recopilados durante un recorrido periodístico divulgado este viernes 30 de octubre describen locales donde el cliente realiza el pedido y recibe los productos a través de barras metálicas. No se trata de una práctica surgida de repente, pero comerciantes consultados aseguran que la mantienen o amplían debido a experiencias de inseguridad.
Los colmados modifican su forma de atender
En Los Jardines del Norte, el propietario de un colmado señaló que decidió restringir la entrada después de tres episodios de robo. El negocio realiza buena parte de sus ventas desde un mostrador protegido, y la vigilancia mediante cámaras sirve para revisar situaciones sospechosas.
Algunos comerciantes también han optado por cerrar más temprano. La combinación de horarios reducidos y barreras físicas puede disminuir riesgos percibidos, pero limita la atención nocturna y supone costos que recaen principalmente sobre los negocios pequeños.
Experiencias similares fueron reportadas en La Esperanza de San Isidro y en zonas de Alma Rosa, Santo Domingo Este. Los testimonios expresan temores de quienes trabajan de cara al público; por sí solos no permiten determinar si el delito aumentó estadísticamente en todos esos sectores.
Protegerse representa una inversión considerable
La instalación de puertas reforzadas, rejas y sistemas de video requiere recursos adicionales. Un comerciante citado en el recorrido calculó gastos superiores a RD$50,000 en protecciones de hierro, una cantidad significativa para establecimientos que dependen de las ventas diarias.
Los propietarios señalan que combinar varios mecanismos, como una segunda puerta y un mostrador enrejado, puede dificultar el acceso de una persona que intente entrar por la fuerza. Las cámaras ayudan a conservar registros, pero no sustituyen la presencia de autoridades ni la respuesta oportuna ante emergencias.
Una preocupación para barrios y consumidores
El cambio también afecta a los clientes, quienes deben comprar desde la calle y, en ocasiones, no pueden acceder al interior del establecimiento para elegir productos. Negocios de proximidad que tradicionalmente funcionaban como espacios de encuentro comunitario operan ahora bajo condiciones más restrictivas.
Las estrategias de autoprotección reflejan un problema de confianza y percepción de riesgo que demanda respuestas más amplias: prevención del delito, investigación de atracos, patrullaje evaluable y canales de denuncia confiables.
La inquietud de comerciantes es real y merece atención, aunque se requieren estadísticas oficiales desagregadas por sector y período para medir la incidencia delictiva y evaluar cuáles intervenciones de seguridad consiguen mejores resultados.





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